LOS MIEDOS
La cárcel de la vida la construye el Miedo. Y en ella, sujeto y maniatado por el Miedo, inmóvil, en la fragilidad del pobre de espíritu, quien no confía en sí mismo ni en la Misericordia Divina.
El Miedo, carcome y retuerce los huesos, empozoña los órganos, amarga el corazón y nubla la vista.
El Miedo es la enfermedad del débil de afecto. Del que desconoce el calor del abrazo y el beso. Ese que, en su mirada hay un grito mudo de dolor por el desamparo. Del que no es capaz de defenderse y no se cree merecedor de nada.
Quien se siente atrapado por el Miedo; maniatado en su angustia, es incapaz de enfrentarse a ese monstruo que le aplasta y le roba la Libertad de Ser.
Sin darse cuenta que ese monstruo invasor, tan grande y terrorífico, tan brutal e inclemente, es una pura ilusión, que desaparecería, si lograse enfrentársele.
¡Ay! Qué paso tan difícil y arduo.
El antídoto al veneno del Miedo es el AMOR: Ama, pero ámate primero a ti mismo. Acepta el quien eres. Perdónate. No seas tan exigente contigo mismo. Ayuda a los demás, pero comienza por ayudarte a ti mismo. Sientete merecedor del Amor. Eres único y tan válido como el mejor. Amate, el Sol también sale para ti.
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Meneame
del.icio.us
Cuando decimos 'Yo Soy' en la invocación, estamos nombrando a la Esencia Divina de nuestro ser esencial. Estamos invocando a nuestro Yo Superior, para amansar a nuesto Ego y ponerlo en el lugar que le corresponde.
